Por Dra. Gabriela Paglini

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es difícil de diagnosticar porque su etiología es diversa y multifactorial. La búsqueda de nuevos métodos de intervención y diagnóstico requiere del trabajo conjunto entre neurocientíficos y médicos especialistas. Desde el Instituto Ferreyra trabajamos de manera colaborativa en esta dirección.

Detrás de un niño diagnosticado de TDAH, hay una historia que para muchos es desconocida. Una historia que gira en torno a un sin fin de dificultades cotidianas constantes, tanto con su familia, amigos, compañeros y profesores. Junto a estos niños con TDAH, hay padres desconcertados, preocupados y angustiados que conviven con esas dificultades.

Cuando se habla sobre la conducta de niños que padecen TDAH, es común escuchar apreciaciones fundadas en prejuicios. Expresiones del tipo “su hijo es un maleducado, no se queda nunca quieto en clase” o “su hija no escucha cuando se le pide que preste atención”. Estos comentarios evidencian que, muchas veces, no se cuenta con información acerca de cómo dialogar con casos de TDAH. Por ello, los científicos del Instituto Ferreyra proponemos trabajar en conjunto con las ciencias médicas para encontrar nuevos métodos de diagnostico e intervención.

El TDAH es un trastorno que afecta a las funciones ejecutivas y del auto control. Suele expresarse en el curso del neurodesarrollo, es decir, antes de los siete años. El trastorno puede afectar a los niños de diferentes maneras, por ejemplo, condicionando su rendimiento escolar, la interacción social con sus pares, docentes y entorno familiar.

A veces puede ser difícil diagnosticar a un niño con TDAH ya que los síntomas pueden parecerse a otros problemas y requiera de una evaluación más integral.

Lo ideal es que el especialista hable con el entorno familiar, los docentes y quizás con otras personas allegadas al niño. El psiquiatra infantil junto con el neuropediatra serán los responsables en hacer el diagnóstico. Puede tomar tiempo hacerlo de manera correcta y certera, ya que no existe una sola prueba de laboratorio que pueda confirmarlo efectivamente. 

En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, versión V (DMS-V) se describen los procedimientos más aceptados para su diagnóstico. Sin embargo, los profundos avances científicos en el tema, nos invitan a reconsiderar esta conceptualización.

Sobre esta base, nos planteamos la necesidad de buscar métodos más fiables para su diagnóstico e intervención, ya que  su etiología es diversa y multifactorial, (factores genéticos, congénitos, ambientales, alteraciones neuroanatómicas, neuroquímicas, entre otras). Por ello, neurocientíficos y médicos especialistas, debemos trabajar de manera conjunta. Por un lado, es importante avanzar en la comprensión de sus causas, las cuales no son del todo conocidas. Por el otro, es necesario estudiar su neurobiología para encontrar nuevos métodos de intervención, tanto farmacológicos como terapéuticos.

Nuestro desafío es indagar acerca de los eventos y mecanismos, tanto celulares como moleculares, que subyacen al desarrollo de este tipo de desorden. Así, la aproximación a la reproducción de esta neuropatología, mediante el uso de modelos animales que recapitulen los aspectos clínicos, constituye una herramienta muy poderosa a la hora de proponer nuevas hipótesis, especialmente relacionadas con el uso de nuevos fármacos para el tratamiento de este desorden neurobiológico.

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