Por Dr. Daniel Raimunda

La aparición de bacterias infecciosas con resistencia a antibióticos es un problema actual instalado en el sistema de salud a nivel global. Si bien nuevos antibióticos se desarrollan para tratar estas infecciones, existen ciertos aspectos que involucran a un grupo de nutrientes, los oligoelementos metálicos, que están siendo estudiados para innovar en esta batalla contra las infecciones y disminuir la aparición de bacterias resistentes.

Empecemos por entender que es un oligoelemento. Google lo define como:

“Elemento químico que se halla en muy pequeñas cantidades

 en las células de los seres vivos y es indispensable para el

desarrollo normal del metabolismo.”

 

Pasando en limpio: Los necesitamos en muy pocas cantidades para vivir, pero no es saludable que nos falten.

Este año se cumple el 150 aniversario del nacimiento

de la tabla periódica moderna.

Quien la haya observado, mirado, contemplado, y hasta admirado, aunque no sea para sentirse desconcertado, ante este centenar de elementos que describen toda la materia de nuestro universo, quizás haya notado, que en la parte más fina del medio,  hay algunos metales presentes en nuestra vida cotidiana: el hierro (Fe), el cobre (Cu), el zinc (Zn), el cobalto (Co) y el oro (Au).

Algunos de estos metales, son Oligoelementos en nuestro organismo: No hay mucho para decir sobre el oro, más que lo usamos sólo con fines ornamentales. En cambio, el hierro, cobre, zinc y cobalto no pueden faltar en nuestras dietas, ya que son importantes para ciertas funciones celulares.

Entonces, los oligoelementos metálicos, y de ahora en más: Oligometales, serán incorporados a nuestro organismo a través de los alimentos. Si los consumimos de manera exagerada o nuestro organismo, por fallas a nivel genético los acumula, entonces se vuelven tóxicos y podemos desarrollar ciertos cuadros clínicos y hasta enfermedades. Por lo tanto, la falta de oligometales es una problemática, pero adquirirlos en exceso también nos perjudica.

Volvamos a las bacterias. El microbiólogo Francés Jacques Monod, ganador del Nobel por Fisiología y Medicina en 1965 expresó:

“Lo que es válido para la bacteria, es válido para el elefante”.

Con el perdón de Monod y de los elefantes, pongamos al ser humano en vez de estos, e invirtamos el orden de los sujetos. El resultado:

“Lo que es válido en el ser humano, es válido para las bacterias”.

Y para ser honestos, esto ya se conoce desde hace tiempo; las bacterias también necesitan los oligometales. Lo novedoso reside en que nuevas evidencias demuestran que las células de nuestro sistema inmune, atacan las bacterias, ofreciéndoles en exceso hierro, cobre o zinc. Si esto es así ¿Porqué no intentar mejorar las terapias antibacterianas con oligometales, ayudando así a reducir la aparición de bacterias resistentes?

Además de comprender cómo habría que dosificar el oligometal junto con el antibiótico, todo un capítulo aparte, tenemos que entender que las bacterias se pueden defender contra los oligometales también. Por ejemplo, se han encontrado y aislado bacterias que no causan enfermedades en humanos, que pueden crecer y multiplicarse en ambientes contaminados o naturales, donde la cantidad de oligometales es excesivamente alta.

Para lograr mejorar las terapias antibióticas, un buen punto de partida sería entonces entender cómo las bacterias logran sobrevivir a altos niveles de hierro, cobre o zinc en su medio. Lo que sabemos es que las bacterias patógenas, perjudiciales para la salud, cuentan con herramientas que les permiten deshacerse de ellos o enmascararlos si se “acumulan” más de lo necesario, cuando la oferta es alta, reduciendo su toxicidad.

Dentro de este grupo de herramientas encontramos algunas proteínas que sacan del interior celular el exceso cuando se lo detecta.

¿Cómo funcionan esas proteínas en las bacterias?

Es lo que estudiamos en el laboratorio y creemos que el conocimiento generado será útil para generar nuevas terapias antibacterianas.

Siendo optimistas, posiblemente entendamos muy pronto cómo poder potenciar los efectos de un antibiótico con terapias basadas en la combinación de los mismos con oligometales.

Quizá esto no nos permita el tratamiento de las infecciones con bacterias que ya son resistentes a algunos antibióticos, pero sí frenará la aparición de nuevas bacterias resistentes.

 

Como casi siempre, el tiempo dirá si el conocimiento aportado se podrá aplicar al desarrollo de nuevas terapias antimicrobianas y su factibilidad farmacológica.

Mientras tanto, a nivel individual y colectivo podemos contribuir a no desarrollar bacterias resistentes en nuestro organismo siguiendo al pie de la letra la indicación del profesional médico que prescribe el tratamiento antibiótico contra la infección.


Dr. Daniel Raimunda

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